Un tendero sabe que…

Muchas veces las personas piensan que solo es llegar, abrir la tienda y esperar a que lleguen los clientes, pero no es así.
Detrás del mostrador no solo hay un tendero, hay un papá, una mamá, un hermano, hay esfuerzo, sacrificio y esperanza.
Ser tendero implica separar tiempo para tu tiendita, para tu familia y para ti.
Además, ser tendero es aprender que:
1.- Todos los clientes compran de diferente manera
Hay algunos que solo compran y se van, pero también hay quienes hacen todo un ritual para elegir sus productos.
2.- Los anaqueles son tu mejor aliado
Muchas veces no es necesario tener que hacer un inventario, o hacer cuentas para saber cómo le va a tu tiendita, a veces, solo hace falta ver a tus anaqueles para darte cuenta de que tanto éxito está teniendo un producto.
3.- La confianza de tus clientes genera ventas
Un cliente que regresa a la misma tienda, es porque se siente tranquilo, porque ahí lo atienden bien, porque siempre tienen lo que necesita, etc. La confianza que le das a tus clientes no tiene precio.
4.- El tendero es paciente
Así como hay días en los que no llega nadie, también sucede que se juntan: Clientes, proveedores y pedidos, pero con el tiempo llega la experiencia y los tenderos aprenden a ser pacientes y manejar ese tipo de situaciones.
5.- Toda tiendita tiene una historia
Siempre habrá una nueva historia que contar, desde el primer día las historias cambian y aquella tiendita que comenzó como un emprendimiento, se convirtió en el sustento de una familia e incluso en el psicólogo del barrio.
En conclusión, ser tendero es mucho más que atender una tienda; es construir confianza, esfuerzo y comunidad día a día. Cada venta, cada cliente y cada historia forman parte de un trabajo que sostiene familias y da vida al barrio
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Fuentes de referencia:
Comercio al detalle

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